“Occidente” es cine político que pone a prueba al espectador

“El cine está en las manos equivocadas, en manos del mercado. Hacer cine solo está al alcance de un negocio y de una manera de entender el entretenimiento alejada completamente del cine como arte expresivo” – apunta Jorge Acebo, realizador leonés de “Occidente”, su ópera prima presentada por primera vez “bajo la sombra del coronavirus” en la sección oficial del Festival de Cine Underground de Turín, en pleno confinamiento italiano.

Filmada en parajes que cortan el aliento, “Occidente” es una oda contra el determinismo. Sus personajes forman un reducido maquis que transita en torno a una refinería petroquímica y una explotación minera, envuelta por las nieblas de una montaña que parece herida. Está protagonizada por la destellante actriz Paula Bertolín y los veteranos actores Francesc Garrido y Mario Gas.

La obra ha tenido sendos preestrenos a finales de 2019 en los festivales de Girona y Ponferrada. ¿Para cuándo un estreno en salas españolas? “Normalmente, si se tratase de una película comercial presentada como ‘la última película de Francesc Garrido o Mario Gas’ es probable que la película se estrenara en las salas”.

Si ya era complicado un estreno clásico para un cine como el de “Occidente”, ahora con el impacto de la epidemia Acebo no sabe qué sucederá. “Las salas donde podía ser vista probablemente desaparezcan”. Cuando el cine es un combate, los espectadores deben tomar las armas que estén a su alcance para defender el derecho a la cultura.

           

Alex Anfruns: La trama de “Occidente” pone en escena a unos personajes marginales cuyos lazos con la sociedad son imperceptibles. Pero tienen un encuentro que les dará la posibilidad de emprender un viaje redentor. ¿Cómo nace esta historia desconcertante?

Jorge Acebo: Para mí el cine debe ser una visión humanista de la vida, donde el centro es el individuo, la persona. En efecto la película tenía pocas premisas: una de ellas era escribir sobre personajes sin ningún tipo de lazo social. Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es la desaparición de los lazos sociales que forman una comunidad. De hecho es eso lo que apoyan las nuevas tecnologías. Por eso mis personajes hablan de las personas de hoy en día.

La película es una puesta en escena de los males de nuestro tiempo. Pero eso no se ve en la trama, sino más bien en el modo en el que hablan y se comportan. El espectador de hoy se espera una trama que les diga qué les sucede a los personajes, en qué vicisitudes se ven envueltos…Pero el cine que me interesa no es contar historias, sino hacer un discurso que puede ser histórico o político. Eso explica que “Occidente” tenga lagunas narrativas. Cuando un espectador repara en eso se siente perdido. Por lo tanto requiere de un espectador que no esté centrado en el monopolio de la historia como cuento, como narración.

Entonces su trama tan intrincada ¿fue algo deliberado?

Hay algunas lagunas que surgieron de las condiciones del rodaje. Es algo que mucha gente ignora: piensan que las películas salen de una caja mágica y el dinero que cuesta hacerla también. Pero las películas las hacen personas. Para mí es un trabajo obrero, porque al menos en mi rodaje se hace con las manos. Tienes que poner un caballo en un sitio y tienes que tirar del caballo; tienes que mover la cámara y cargarla; ¡es todo un trabajo artesano!

Pues yo veo esas lagunas como errores benditos de los que tiene que formar parte toda obra, contrariamente a la perfección estúpida en esas “películas-anuncio” de hoy en día, llenas de clichés. Los errores no se buscan, pero han de surgir en algún momento porque son fiel reflejo de las condiciones en las que se hace.

En su origen “Occidente” estuvo pensada como una obra filosófica, una película circular, que cuando acaba puedes volver a empezar. Es una película que reclama ser vista de nuevo, como una obra que permite retomarla y volver a pensar ciertas cosas.

El espacio vital en el que se mueven los actores es un paisaje dominado por una relación salvaje entre la tierra y las máquinas…Por un lado, los alrededores de la refinería de petróleo; y por el otro una antigua explotación minera. Los dos tienen en común su referencia a la extracción de materias primas. ¿Por qué razón esos espacios son tan importantes en Occidente?

La primera razón de haber situado “Occidente” en esos espacios es sencilla. Solo ruedo donde puedo rodar: es el lugar que tengo a mano y que conozco. Este me parece un buen principio para un cineasta amateur como yo. Como sabes, el entorno en que resido en Tarragona es puramente industrial, y esa industria también ha formado parte de mi familia: mi padre ha trabajado toda la vida en ella. También es un entorno muy atractivo, muy plástico y contradictorio. La segunda parte está rodada en El Bierzo, de donde soy originario, en León. También cumple con esa explicación: son espacios por los que he caminado. Forman parte de mi familia, que se ha dedicado a la minería.

La otra razón, más compleja, tiene que ver con lo que dices: yo necesitaba lugares de confrontación entre el ser humano y la naturaleza transformada por él. La huella y el presente de la explotación. Básicamente la primera parte discurre en el presente de la explotación de la naturaleza por el ser humano, y la segunda parte en las huellas que han dejado esa explotación. En una naturaleza desprovista, por lo tanto, de vida. Donde no se oye ni un solo pájaro.

Era esencial que estuviera presente en ambas partes esa confrontación entre el ser humano y la producción. En la modernidad desde hace 250 años, las relaciones de producción son las que determinan la existencia y el modo de vida. Aunque hubiera hecho una comedia, de alguna manera habría tenido que reflejar que la vida del hombre está condicionada por los medios de producción. Era importante la dialéctica entre los dos espacios que son industriales.

¿Los protagonistas encarnan una forma de resistencia a ese universo?

Sí, solo el movimiento excéntrico de unos personajes que buscan su libertad puede sacarlos de esa rueda, de ese devenir en el que está instalada la modernidad: el progreso, la acumulación…que no sabemos muy bien a donde nos va a llevar. Por eso “Occidente” es política, aunque lo sea desde un ángulo excesivamente romántico en ocasiones.

Pero no solo es cine político aquel que muestra sus temas de una manera clara, sino que también se puede hacer un discurso político siendo crítico con nuestro tiempo.

En Occidente es llamativa la ausencia de referentes históricos o temporales precisos. Sin embargo estos llegan de alguna manera: por ejemplo, en una secuencia en la que los actores comentan las imágenes de los crímenes de guerra filtrados por Wikileaks. ¿Podrías comentar esto?

Ese fragmento de Wikileaks, fue la primera vez que se vio a las claras en imagen lo que se denunciaba de alguna manera verbalmente. Creo recordar que fueron de las primeras imágenes que yo vi en su momento, de un asesinato grabado desde la propia cámara de un helicóptero. La gente no sé si uno se da cuenta de lo que está sucediendo: esos helicópteros están pilotados por un equipo en el que alguien se dedica con una cámara a buscar algo, mientras otro va conduciéndolo y otro va apuntando. La precisión es, por lo tanto, milimétrica. Es el crimen milimétrico, no es el crimen de la Primera Guerra mundial cuando se disparaba a boleo y a ver quién cae. No deja de ser sorprendente que en los tiempos que vivimos, con la cantidad de información que existe, que se cometa un error y que ese error llegue a ser tan certero.

¿Qué relación guardan esas imágenes con los personajes?

El personaje principal de “Occidente” es alguien que lleva una cámara y que busca unas imágenes que dejo en el pasado. Retorna a un lugar anacrónico, sin tiempo. Y esas imágenes del pasado son las de nuestro tiempo, que estamos viendo nosotros. En la película esas imágenes aparecen sorpresivamente, están entretejidas en el universo de los personajes, como en un futuro ya acontecido. De tal manera que los personajes no miran hacia el frente, sino siempre hacia atrás. Parece como si adelante no hubiera nada, hay una falta de futuro más inmediato.

Estas imágenes se insertan en el conjunto de imágenes que pululan en “Occidente”. Es un collage del siglo XX y XXI: contiene desde fragmentos muy pequeños de obras del cine, noticiario –donde entrarían esas famosas imágenes de Wikileaks de la muerte de los periodistas en Iraq–, imágenes de otros noticiarios, fotografías… Occidente pretende hablar del nuestro tiempo y de la relación del ser humano con la imagen.

¿En qué condiciones tuvo lugar el rodaje de “Occidente”?

Durante su largo proceso de incubación– 8 años–, la película se desarrolla delante de su realizador. Al trabajar de esta manera no estoy poniendo el carro delante de los bueyes, que es lo que se suele hacer en trabajos comerciales para la televisión. En esos proyectos, sin haber escrito una sola línea te dicen como son tus personajes, de qué ira la historia, etc., etc. Y al final todo está muerto. Yo quise hacer lo contrario, partir de una postura ética y de unas ideas que quería reflejar, y a partir de ahí elaborar todo lo demás sin saber a dónde me iba a conducir. En realidad este proceso es el que se desarrolla durante el rodaje.

En un rodaje anormal como el de un cineasta independiente, no se tiene todo lo que se desea. Se desarrolla en condiciones en las que cada persona da lo que puede cada día, donde tienes que sacrificar decenas de páginas de guion porque no has logrado la producción que querías…Por lo tanto en el rodaje se establece un proceso de creación, de reelaboración in situ. Es una mecánica de trabajo incontrolable, y así será el resultado: algunos dirán que es una película oscura, difícil, fallida. Pero el proceso de elaboración es vastamente más rico que lo otro.

No creo que Rodin hiciera “El Pensador” con un martillazo en la piedra de un solo golpe. Sabemos que hubo muchas pruebas, sus alumnos le ayudaban trabajando, y al final tenemos la estatua.

Occidente” se aleja de códigos comerciales y ha sido financiada a través de un mecenazgo ciudadano. ¿Qué encontrará el espectador en esta obra?

Para mí el cine sigue siendo un proceso de vida. “Occidente” es una película política, discursiva. El espectador debería saberlo antes de verla, porque el modelo de cine que tenemos le condiciona mucho. Está tan ampliamente difundido, que ante cualquier cosa que sale de ese mecanismo tan humillante que es el cine que vemos habitualmente, el espectador se encuentra perdido.

El espectador está falto de que se le ponga a prueba, y “Occidente” pone a prueba al espectador. Es una película para cada uno de sus espectadores, no para una masa que no existe. Las reacciones de cada uno serán diferentes. Esa es la intención de la que surge: el proceso creativo más esencial que existe es el proceso de la vida.

¿En qué situación se encuentra el cine en España?

En entrevistas a directores de cine nadie quiere hablar de ello porque tienen miedo a que se les cierren puertas. Esto ha sucedido en toda la historia y sigue sucediendo: la primera censura que existe es la autocensura. Mi opinión subjetiva acerca de la situación actual es que hay gente que intenta hacer películas, pero el cine se encuentra en manos de la gente equivocada: empezando por los productores, por los estados –que se supone que apoyan el cine y la cultura–, y acabando por los distribuidores y programadores de los festivales. Estos son, en un 90%, unos esnobs que no han visto una sola película en su vida. De hecho hay quienes te dicen “no entiendo nada, pero si encuentras a un crítico que hable bien de tu película veremos a ver qué pasa”.

La posibilidad de hacer cine –más allá de la guerra que quiera librar uno, como es mi experiencia–, está en las manos equivocadas, en manos del mercado. Hacer cine solo está al alcance de un negocio y una manera de entender el entretenimiento, que está alejada completamente del cine.

Sigo creyendo que el cine es un arte de expresión, una inquietud o un emerger estético del ser humano. ¿Necesita el cine ser financiado? Sí, hay que darle de comer a la gente cuando en ocasiones se necesita montar un decorado. Ahora bien, no gastar en ello hasta los extremos en que hoy se gasta. Si la gente supiera cuanto ha costado hacer “Occidente”…Probablemente sea la película más barata del estado español de los últimos cien años. Ha costado muy poco dinero porque todo se ha hecho con esfuerzo. Es irrisorio hasta decirlo. Ha sido la gente que nos conoce quienes nos han financiado, además de con mis ahorros que eran escasos, y un poco de ayuda de la productora que me ha acompañado. Básicamente son unos miles de euros.

¿El cine puede ser otra cosa que una industria?

Tiene que ser sostenible, porque hablamos de no echar plástico a los mares, pero no de gastarnos centenares de millones de euros en hacer cine. Hay otras maneras de hacerlo, de forma más abierta y participativa de la que se hace hoy en día. Pero vamos por la senda contraria, hacia una especie de imitación del modelo norteamericano actual, donde básicamente se mide el éxito en números de espectadores.

Pues bien, yo me encuentro a un montón de gente hastiada de su vida y que ve las plataformas digitales y tampoco me dicen nada interesante de lo que han visto. En el fondo creo que estamos viendo algo que nadie quiere ver, pero es lo único que hay. Ese modelo de producción es algo que ahoga, al menos a mí. Así que hacer esta película para mí es como un grito. Todo el mundo me decía que no la podría hacer, pero ¡ahí está!

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